LOGOPEDIA

Dña. Aránzazu Barrenechea Recalde

La Logopedia aborda los problemas de la comunicación en cualquiera de sus campos: la voz, el habla, el lenguaje (lectura y escritura), la expresión facial...

Una comunicación alterada está relacionada con la disminución del rendimiento académico durante la etapa escolar, así como con problemas emocionales, conductuales y sociales. Por tanto, es muy importante tratarla.

¿Qué alteraciones tratan los logopedas?

  • Dislalia (dificultad para articular fonemas, como la "r", "rr")

  • Dislexia (incapacidad o dificultad para la lectura)

  • Trastorno Específico del Lenguaje (retraso o anomalía en el desarrollo del lenguaje)

  • Retraso o Ausencia del Lenguaje (inicio del lenguaje hablado más tarde de lo esperado)

  • Dificultades auditivas

  • Trastorno del Espectro Autista (TEA)

  • Tartamudez o disfemia (alteración de la fluidez del habla)

  • Etc.

Las alteraciones en la comunicación pueden deberse a diversos motivos, destacando: trastornos del desarrollo del lenguaje, autismo, deficiencia mental, parálisis cerebral, ictus, problemas emocionales (ansiedad, miedos, baja autoestima, etc.), procesos oncológicos (p.ej; cáncer de lengua), etc. 

Rehabilitación (en consulta y a domicilio)

Las personas que pueden beneficiarse de la rehabilitación de la comunicación son aquellas que han sufrido una lesión o enfermedad congénita (desde el nacimiento) o adquirida (p.ej; fruto de un accidente, un infarto cerebral, etc.). Por tanto, pueden ser tanto niños como adultos.

Aunque dependerá de las áreas afectadas de cada persona, en muchos casos, el abordaje de las lesiones o de los déficits se hace desde la Logopedia y la Neuropsicología, especialidades que en ocasiones trabajan de forma conjunta para una rehabilitación integral.

En CENTIS comprendemos que algunas personas disponen de limitaciones para desplazarse a nuestras instalaciones. Consulte las condiciones de la Asistencia a Domicilio.  

¿Quiénes pueden beneficiarse especialmente de la rehabilitación a domicilio?

  • Niños y ancianos, al trabajar con ellos en su ambiente natural, en su hogar.

  • Personas con movilidad reducida.

  • Personas afectadas por alguna discapacidad física, psíquica o sensorial.

  • Personas que evitan salir a la calle o asistir a sitios con mucha gente, temiendo en algunos casos sufrir un ataque de pánico.

  • Personas especialmente ocupadas, a las que les cuesta conciliar su vida familiar-social-laboral con su necesidad de recibir tratamiento especializado.